DISTANCIA VALE, PERO NO DISTANCIAMIENTO

Updated: Jul 20, 2020


“No es bueno que el hombre esté solo”

Génesis 2,18


Llevo tiempo observando el comportamiento que tenemos en estas últimas semanas y se está dando un fenómeno que me parece algo preocupante. Llevamos mascarilla: bien. Guardamos distancia de seguridad: bien. Pero en mucha gente se está dando un aislamiento personal; y me atrevo a decir que en no pocos casos, ese aislamiento social ya es voluntario. ¡Atención! Eso es fruto del miedo. Y el miedo no es bueno. El miedo puede llevar a la paranoia, a ver cosas que no son, a montarse películas de miedo. El miedo genera esclavos. Y Dios nos ha creado para ser alegres, para amar la vida y vivirla con sana libertad.


Me gustaría que te parases un momento y pensaras si no podría ser cierto lo siguiente. Fíjate que ya nos hemos acostumbrado a la distancia de seguridad, pero lo que me temo es que nos acostumbremos progresivamente a la distancia social. Eso sería mortal para un ser humano, porque ¡somos seres sociales! Necesitamos de los otros, necesitamos compartir la vida, estar con personas queridas. Necesitas gozar relajadamente de tu familia y de tus amigos: reír, comer juntos, compartir desde el corazón, escucharse, hablar, ir a la playa, caminar juntos… En fin, que no nos encerremos y que no nos acostumbremos a la distancia social.


Es bueno que guardemos una distancia para no contagiarnos, pero no es bueno que aceptemos el distanciamiento. Es muy importante no guardar distancia social entre nosotros. Es necesario, hoy más que nunca en estos últimos años, mirar a los ojos a la gente. Y mirar con bondad, con ternura, abrazar y besar con la mirada. ¡Mira y deja que te miren! Entonces (¡oh maravilla!), pasamos a ser reconocidos y recordamos que somos alguien para el otro. Tenemos que rebelarnos contra toda tendencia al distanciamiento. Abajo las fobias sociales, fuera el miedo. ¡Arriba los encuentros humanos, arriba la amistad!


Que nos rebelemos contra toda inercia deshumanizante. Que recordemos que Dios no nos hizo para estar solos. Dios ha diseñado nuestros corazones no para la soledad sino para la relación. Claramente, y lo notamos con mucha fuerza, que “no es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2,18). Así que, por salud pública: no nos acostumbremos a estar solos. Digamos no al individualismo, digamos no a la soledad. Sí a la distancia, no al distanciamiento.


Para acabar te hago la propuesta para esta semana: pensar en qué vas a hacer para romper con el distanciamiento social y comunicar esta idea a la mayor gente que puedas. Una manera puede ser compartiendo el escrito. Como ejemplo: te puede servir el mirar más a los ojos a la gente y saludarles con la mirada. O sonreír más. Recuerda que sonreíamos más sin mascarilla, así que sonriamos a la gente.

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